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mariamazonas

me acuedo de alite

me acuedo de alite Hmmmmm, cerezas...a mi me las ponía mi padre de pendientes. Me acuerdo de
las comidas de verano en el salón, de lo alta que me quedaba la mesa y cómo
se movían los 3 cojines que me ponían debajo del culo para llegar. De que la
carne se me hacía bolo y del día que dejaron de hacer la vista gorda cada
vez que iba a tirarla por el vater. Me acuerdo del día que la seño de
prácticas me puso de cara a la pared sujetando una tiza con la nariz por
reirme en clase. Me acuerdo del telefono negro que habia en el recibidor
colgado en la pared y de cuando me subía a una silla para llegar y llamar de
mentiras a mi amigo imaginario luis. Y de mi abuela Pilar. De su olor, de
sus ojos, de lo liberal que era, de su complicidad cuando a hurtadillas me
ponia morada de pasteles de astorga sin que me viera mi madre. De mi
complicidad con su quina santa catalina. No me acuerdo de su voz. Recuerdo
como si la estuviera tocando ahora, cómo me gustaban las arrugas de sus
manos. Se me pasaban largos ratos cambiando de sitio las arrugas de su piel
suave con mis dedos pequeños.

Me acuerdo pero que muy bien de cómo me picaba el gorro blanco de lana con 2
borlas que mi madre me ponía para ir a misa el sabado a las 8 de la tarde.
Anda! y de una figura tamaño niño que había en la entrada de la iglesia de
las monjas de arriba. Era un negro de piedra que lo ponian a modo de hucha
para echar dinero para las misiones. Con taparrabos, claro. Fue el unico
negro que yo conocia hasta que echaron kunta kinte. Me acuerdo de que soñe
que me cortaban el pie como al susodicho kuntakinte y cuando me levante para
ir al cole y vi que tenía 2 pies fui corriendo a mi madre...mamaaaa, que
tengo los 2 pieeees (si es ahora, me llevan al sicologo del colegio.
Entonces me llevo al colegio solo). Que alegria me dio!

Me acuerdo de la carne de gallina y del miedo espantoso que le tenía al
practicante. Y de lo traicionada que me sentía cuando después de semejante
tortura, mis padres le ponían una cerveza y unas olivas. No podía entender
cómo podían ser amigos de mi torturador. Me acuerdo del día que vi cómo le
ponía una inyeccion a mi padre. Lo vi por una rendija de la puerta y en el
momento de clavarle la aguja entre corriendo en la habitación y me agarre de
su pierna empujandole. Y del dia que cortaron 3 pinos de mi jardín. Fue la
primera vez en mi vida que dije cabrones. Por la ventana. Mi madre no tenia
fuerza pa meterme pa dentro. De pequeña llevaba mal no entender las cosas.

Me acuerdo de mi perra Ta y del dia que cogi un raton con la mano. Recuerdo
perfectamente las manos de mi padre. Lo calientes que las tenía siempre, lo
grandes que me parecían y la seguridad que me daban. El brillo de sus ojos,
su sonrisa enorme y llena de luz, su ilusión y cómo se le caía la baba
cuando me miraba. Recuerdo una noche aventurera que me llevo a coger
cangrejos. Antes de que los ríos españoles se infestaran de cangrejos
americanos y desaparecieran los autóctonos. Y antes de que mi padre se
convirtiera en un desaparecido. Tampoco me acuerdo de su voz. Me acuerdo de
lo feliz que fue el ultimo día que lo vi.

De jugar a bote en el barrio horas y horas, de las casetas que nos hicimos
en el barranco, del perro de la pandilla, Piter. De las guerras entre
barrios con tirachinas. De lo buena que era con el tirachinas y del botijo
de la gasolinera que rompi a una distancia que ahora me parece increible. De
las zapatillas con las que fui a clase el 23-f por si habia guerra y habia
que correr (los de Teruel hemos crecido muy marcados por la guerra, parece
ser). De la hoguera de san anton, la emoción, las almendras garrapiñadas de
mi vecina y el olor a humo.

De mi madre. Siempre.

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